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Fotografía

¿Qué es la fotografía de obras de arte?

La fotografía de obras de arte es una especialidad técnica dentro de la profesión del fotógrafo. La existencia de esta especialización responde a una necesidad clara por parte de artistas, coleccionistas e instituciones, de obtener imágenes fieles a las obras originales.

Los conocimientos que requiere realizar una buena toma fotográfica a una obra de arte son múltiples. Una mala captura de la pieza puede llevar a un resultado completamente inservible e irrecuperable, y cada objeto a fotografiar es único.

Nuestro plató fotográfico donde se realizan las tomas fotográficas.

Afrontar una pintura requiere de una aproximación completamente distinta de la que exige una arquitectura, y estas a su vez de un enfoque diferente a la escultura. Dentro de cada uno de los soportes, también hay diferencias muy notables, pues no es igual una pintura antigua al óleo, que un dibujo contemporáneo sobre papel, y así sucesivamente.

Recurrir a un profesional en la materia ahorrará tiempo, recursos y frustración al cliente en todos los aspectos, obteniendo un resultado fiel y de calidad desde el primer momento.

Francisco trabajando en el museo Nacional Arte Antiga de Lisboa.

Fotografía fuera del estudio

  • Cámara Sony Alpha 7R IV 60 Mpx.
  • Lentes de alta gama Canon.
  • Iluminación ProPhoto B10 Plus.
  • Estación de trabajo móvil Apple.
  • Maletas de transporte internacional.

Fotografía dentro del estudio

  • Cámaras Sinar, Hasselbad y Sony.
  • Lentes de alta gama Carl Zeiss.
  • Respaldo digital Leaf 80 Mpx.
  • Iluminación ProPhoto D1 / Broncolor.
  • Instalación de trabajo fija Apple.

Fotografía de pintura

Fotografiar correctamente una pintura no es tarea sencilla. Existen muchos factores a tener en cuenta y que resultan críticos a la hora de obtener un buen resultado.

En primer lugar, es imprescindible contar con equipos correctamente calibrados que reproduzcan el color fielmente. A menudo el equipo profesional que viene calibrado de fábrica no está pensado para la fotografía de arte, y los colores son muy vivos y llamativos.

Para la fotografía recreativa esto puede tener sentido, pero cuando hablamos de arte, las variaciones de color no solo alejan la imagen de la realidad, sino que además destruyen la propia obra, que ha sido concebida con una determinada forma y color.

Para evitar este problema, los equipos han de calibrarse mediante programas y maquinaria específica, de modo que capten la realidad de la obra desde un primer momento, evitando las diferencias de color y ahorrando una costosa posproducción.

Detalle de La cena, obra de Antonio López.

Otro problema que existe dentro de la fotografía de pintura son las necesidades técnicas que requiere cada material, soporte, formato, y sobre todo: antigüedad de la obra.

Cuanto más nos alejamos del arte contemporáneo, mayores problemas presentan las obras. No solo debido a la degradación de los materiales, sino también a la aparición de brillos, barnices, marcos, sombras, etc. Y estos factores han de tenerse en cuenta.

Por ejemplo, es muy habitual que pinturas al óleo tengan marcos muy voluminosos que generan sombras cuando se ilumina la obra. Otro problema habitual son los barnices o los propios tonos de la pintura. El color negro sumado al barniz genera unos brillos muy fuertes que, si no saben tratarse, pueden arruinar la toma.

Por todo esto es muy importante contar con un profesional a la hora de realizar las fotografías de una obra de arte pictórica, suponiendo la diferencia entre obtener un resultado fiel y útil, frente a uno inservible e irrecuperable.

Fotografía de escultura

La fotografía de escultura encierra una complejidad intrínseca al propio soporte: el volumen, uno de los aspectos más difíciles de plasmar en la fotografía.

Una imagen es un elemento en dos dimensiones, y una pieza escultórica un objeto en tres. Reflejar las tres dimensiones en un medio de dos requiere de un conocimiento técnico y creativo considerable en el manejo de la iluminación.

Cada escultura requiere un enfoque radicalmente distinto y necesita de una iluminación muy concreta si se quiere mostrar el volumen en la toma. No es lo mismo afrontar una pieza que se envuelve sobre si misma, a una abierta al espacio, del mismo modo no es igual fotografiar una pieza opaca, a una translúcida. Cada variable requiere de una aproximación.

Escultura en chapa lacada Amor obra de Robert Indiana.

Por otro lado, una pieza con volumen sufre de un problema físico insalvable, y es que no se puede sacar enfocada en su totalidad con una sola toma fotográfica.

Debido a la profundidad, si se hace un único disparo solo puede enfocarse a una distancia (por ejemplo, en un busto enfocaríamos el rostro) quedando fuera de foco el resto (siguiendo con el ejemplo, las orejas, que están un plano por detrás del rostro). De este modo siempre se va a perder enfoque en algún punto de la obra de forma inevitable.

Sin embargo, un fotógrafo especializado puede realizar varias tomas con distintos focos (un disparo enfocando el rostro, otro las orejas, etc.), y que luego enlazará digitalmente de modo que la obra pueda verse perfectamente nítida en todos sus puntos.

Al margen de estos dos aspectos, existen muchas otras variables que afectan a la toma. Por ejemplo: los materiales de la pieza, el lugar que ocupa en el espacio, o la luz natural entre otros. Todos estos factores hacen necesario el trabajo de un profesional capaz de dar salida a todos los posibles problemas que se planteen, para así obtener la mejor fotografía.

Fotografía de arquitectura

La fotografía de arquitecturas supone la síntesis de la fotografía de pintura y escultura, porque implica dominar ambas materias si se quiere obtener un buen resultado.

Una arquitectura requiere dominar el volumen, la perspectiva, la composición, el color, la luz, el tiempo, el espacio, y un sinfín de aspectos clave a la hora de conseguir la toma perfecta. Es por ello que probablemente sea la más compleja de afrontar.

En primer lugar, una arquitectura varía radicalmente dependiendo de si es un interior o exterior. La luz y el espacio cambian, y por tanto, el enfoque necesario también. 

En segundo término está la problemática de la luz. Al tratarse de una arquitectura, la iluminación profesional pierde capacidad de control, y por tanto, debe usarse la luz que suministra el entorno (ya sea solar o artificial) para afrontar la captura. Debido a esto, deben tenerse en cuenta la hora del día y las condiciones meteorológicas.

Auditorio La Seine Musicale de París.

Otro problema que entrañan las arquitecturas es el tamaño. Muchas veces es necesario fotografiar una fachada o edificio de gran volumen, pero no contamos con el suficiente espacio como para alejarnos y que el objeto a fotografiar entre entero en el plano.

Debido a esto es necesario usar ópticas gran angular de muy alta calidad que no deformen la imagen, y cámaras de formato completo que no sufran recortes en el sensor.

Por último, y al igual que en la escultura, cuando se afronta una arquitectura muchas veces es necesario enfocar toda la escena por igual, y como se trata de un espacio tridimensional, esto solo se consigue realizando varios disparos con distintos focos, de modo que luego puedan enlazarse digitalmente para arrojar una imagen perfectamente nítida.

Las arquitecturas son uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un fotógrafo profesional debido a la amplísima variedad de situaciones que pueden presentarse, y por eso más que nunca, se hace necesario un especialista en la materia.

Preguntas frecuentes

Depende de la publicación. Por ejemplo, una portada a tamaño completo de 24 x 30 cm necesitará una imagen de 30 Mb. Es muy frecuente realizar las fotografías ajustadas al tamaño final de la publicación, pero nosotros recomendamos realizarlas a la máxima resolución que admita la cámara. Esto permite ampliar la misma imagen, o realizar trabajos posteriores que requieran de mayor resolución sin necesidad de hacer una nueva toma, ahorrando costes y evitando manipular nuevamente la pieza.

Los soportes digitales garantizan la uniformidad en todo el proceso del tratamiento y reproducción fotográfica siempre y cuando estén calibrados correctamente, y se revisen de forma periódica. Nuestros equipos están bajo la norma internacional ISO-Fogra, por lo que desde el primer disparo hasta la reproducción final, no hay variaciones. A esto en el ámbito profesional se lo conoce como gestión en el flujo de trabajo.

A la hora de visualizar una imagen en un monitor, la interpretación del color depende de la tarjeta de vídeo del ordenador y de los ajustes que se hayan realizado en la propia pantalla. Normalmente los monitores de consumo (e incluso profesionales) no están calibrados correctamente, y se necesita instrumental adicional para llevar a cabo esta tarea. Es por ello que toda imagen que no sea visualizada en un equipo calibrado va a mostrar colores erróneos no ajustados a la realidad.

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